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Publicación de libros


 

A continuación se presentan los libros publicados por profesores del programa en el último año.

 

El nudo teórico del presente libro puede sintetizarse en las siguientes preguntas: ¿qué significa que el conocimiento crece? ¿Qué experiencia tenemos de este crecimiento? En otras palabras, ¿cómo y bajo cuáles condiciones se introduce una novedad en nuestra experiencia? ¿Qué papel juega el hombre en este proceso creativo? ¿En qué sentido hablamos de experiencia creativa? Es decir, ¿la experiencia es estructuralmente creativa o la creatividad es una actividad que se le yuxtapone? Aún más, ¿qué tipo de trabajo es el de la creatividad? ¿Cómo y a través de cuáles gestos y signos se realiza? ¿Cuáles elementos surgen dentro de la experiencia y la caracterizan como creativa? Y especialmente, ¿de qué nos sirve interrogar a dos pensadores muy diferentes, Peirce y Merleau-Ponty, sobre el tema de los bordes de la experiencia creativa? Siguiendo a Peirce y Merleau-Ponty, tenemos la posibilidad de hallar aque￾llos elementos estructurales de la experiencia que nos permiten obtener un conocimiento nuevo y realizar una práctica de vida novedosa, generada por un gesto creativo.

Individuación y anarquía es una serie de estudios de metafísica y fenomenología. ¿Cómo entender la primera y cómo ejecutar la segunda? Son las cuestiones que guiaron esta investigación. En resumen, la metafísica está ante el riesgo de la repetición en las formas de clausura como totalidad, como uno; en fin, como totalitarismo. Pero, por igual, está ante la posibilidad de lo infinito, de lo otro, del reconocimiento. Esta es la vía que he procurado adelantar aquí, siempre con la clara conciencia de que se puede recaer en alguna de las formas en que se agazapa la mismidad.

La tesis que sostengo es que una metafísica de la alteridad (de la justicia, del reconocimiento, de lo infinito) exige y presupone una fenomenología de la individuación. Ésta implica internarse en la experiencia estética, en fenomenologizar desde el sentir que abre la experiencia originaria. Sólo desde allí es posible el devenir de la ética, de la experiencia de constitución intersubjetiva del sentido del mundo.

Cualquier definición que se establezca para caracterizar los que es la filosofía se relaciona, entre otras cosas con el contexto en que esta se erige. Sin embargo, ello no quiere decir que la filosofía sea algo relativo acerca de lo cual se puede decir en cualquiera cosa. En efecto, la filosofía debe considerarse tanto en su carácter universidad y abstracto como en su aspecto partículas y concreto. Lo primero puede entenderse desde los criterios generales que exige la reflexión filosófica, como, por ejemplo, la problematización de un aspecto trascendente en uno de los campos en los cuales se desenvuelve la filosofía; lo segundo implica una relación más específica desde donde y para quienes se orienta el pensar filosófico. Ambos aspectos posibilitan un espacio de dialogo para la crítica y el análisis objetivo de la realidad que le es propia a los seres humanos. Así, se puede afirmar que la tarea del filósofo no está limita al pensar puto – especulativo- si no que busca moverse en el equilibrio entre lo universal y lo particular. En otras palabras, se puede decir que el filósofo está llamado a pensar para sí y a dar entender dicho pensamiento a otros.

La investigación sobre la síntesis pasiva da cuenta de la tesis: lo que auténticamente “sabemos” —valores, formas de actuar, expresiones gestuales, etc.— es lo que encarnamos. Por supuesto que el pensar, la reflexión trascendental que lleva a cabo el yo puede o no llegar a ser encarnación: de valores, de formas de vida, en la praxis. Sin embargo, no todo lo que llevamos a cabo como sujetos en el mundo de la vida es activamente conducido por la reflexión con la cual el sujeto trascendental, el de la reflexión o el que razona, guía la voluntad; antes bien, lo aprendido y encarnado, en síntesis pasiva, es el “efecto de la formación”, el resto, lo que queda cuando no tenemos que pensar para actuar: cómo consentir la acción de un hijo con un gesto, cómo conducir un vehículo, cómo pronunciar una palabra o crear una frase en una lengua distinta de la materna, cómo diferenciar la caricia de la agresión, qué hacer frente a la amenaza y el peligro físico, cómo reaccionar ante un atraco, cómo actuar ante el peligro de un niño, etc…

La escuela y, en general, la educación tiene entre sus propósitos la formación moral. Frente a esta expectativa, se espera de la escuela la puesta en marcha de un proyecto educativo que permita formar para la ciudadanía, la convivencia y el ejercicio de la libertad. Ante tan enorme tarea, la institución escolar se interroga permanentemente sobre ¿Cómo hacerlo? ¿Qué contenidos se deben privilegiar? ¿Qué cualidades debe tener el profesor responsable de esta asignatura? Y son, a veces, insuficientes los esfuerzos para poder responder a estas preguntas, pues la vida escolar y la complejidad de las acciones que se desarrollan en comunidad parecen desbordar cualquier iniciativa o proyecto pedagógico. El presente texto es una herramienta conceptual y metodológica que busca proporcionar a docentes, estudiantes y padres de familia una ruta, entre muchas otras, para avanzar en el propósito de educar en ambientes fraternos que eviten formas de violencia, discriminación y maltratos entre los miembros de la comunidad educativa. Y, así, construir una sociedad en paz.

Las discusiones en torno a la estética y al arte fueron siempre de interés para Agustín. Tal como él lo narra en su autobiografía, su primer texto, escrito hacia el año 381, pero perdido pocos años después de su redacción, denominado De pulchro et apto, trató específicamente estos asuntos. Una preocupación similar se encontraría en varios de sus primeros diálogos, tales como De Ordine y Soliloquium, entre otros; pero, sobre todo, esta cuestión daría origen al diálogo De Musica, el cual constituye su tratado más elaborado y sistemático sobre el tema. Y, aunque después de este no dedicó ningún trabajo a tratar este asunto del modo en que lo hiciera en el De Musica, alusiones a estos asuntos se encuentran lo largo de toda su producción literaria: textos como De Vera Religione, Confessionum y Enarrationes in psalmos, entre otros, dan cuenta de ello.
Dicho interés no se reduce al campo meramente teórico. A la base de sus reflexiones estéticas se encuentra la experiencia personal directa con el mundo del arte, con el hecho mismo artístico. En su autobiografía, Agustín se presenta a sí mismo como alguien profundamente sensible frente al arte y narra que, desde sus primeros años, aprendió a interpretar y valorar esta experiencia: él mismo refiere la impronta literaria que marcaría sus primeros años de formación, en donde se encontraría con los versos de Virgilio. Confiesa además su afición al teatro, que compartió durante muchos años con su amigo Alipio e incluso cuenta haber participado en un concurso de poesía teatral. Muestra también el profundo impacto que dejaron los cantos ambrosianos cuando los escuchó en la iglesia de Milán.